← Journal Nº 0101 — Antes de la boda
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Casi todas las parejas que me escriben dicen la misma frase: queremos fotos naturales, pero que se vean bonitas. No es una contradicción.

Lo que hace que un reportaje parezca una sesión de fotos no es la cámara: es la falta de plan.

«El recelo a las fotos posadas viene casi siempre de lo mismo: de haber visto parar la boda durante dos horas. Dirigir no es eso. Dirigir es decidir antes para no tener que interrumpir después».

Fig. 01 — Valencia (2025)

La hora de la ceremonia decide el reportaje entero. Si se celebra a las cinco de la tarde en agosto, el sol está alto y duro, y no hay técnica que arregle eso. Media hora de diferencia cambia la luz de todo el día.

Lo segundo es la localización del retrato. Si está elegida de antemano, se resuelve en quince minutos y la pareja vuelve con sus invitados. Si se improvisa, se van cuarenta buscando una pared.

Lo tercero es qué queda fuera de plano. Una boda tiene cables, furgonetas y cajas de agua. Saber dónde están permite componer sin tener que pedirle a nadie que se mueva.

Con esas tres cosas resueltas, el día no hay que pararlo nunca. Y las fotografías que salen no parecen dirigidas, aunque lo estén.

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Sandra Olivares · JournalConsultar disponibilidad →
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