Dirigir no es interrumpir. Se decide antes: la hora de la ceremonia, dónde se hace el retrato, qué se deja fuera de plano. Si eso está resuelto, el día no hay que pararlo nunca. Lo que llamamos boda editorial no es una sesión de fotos metida dentro de una boda, sino una boda pensada para que la luz, el ritmo y el espacio funcionen solos.